Habilidades blandas: Preparando a nuestros chicos para la vida

Habilidades blandas: Preparando a nuestros chicos para la vida

Walter Murillo M

La sensibilidad y la empatía, el trabajar en equipo, tener herramientas de resiliencia, gestionar el control de las emociones, sentir y expresar gratitud y otras son habilidades blandas, importantes para nuestro bienestar y se convierten, actualmente, en aprendizajes básicos para la vida, para un buen desempeño social en diferentes campos, para el éxito y la autorrealización

Las habilidades blandas son capacidades que integran la inteligencia y que las podemos aplicar en diferentes contextos para solucionar problemas o enfrentar situaciones que requieren adaptación. Estas habilidades no son precisamente procesos cognitivos, son actitudes; están vinculadas con la parte emocional, la conducta, las motivaciones, los valores y la cultura de las personas, son virtudes que los menores van instaurando para sí desde la observación en sus cuidadores, sus padres y educadores y que deciden aplicar para sus propias vidas, en su proceso por crecer y ser autónomos, tener su propio lugar en la vida, ser alguien y lograr éxito.

Las habilidades blandas pueden ser aprendidas, desaprendidas, reaprendidas y siempre entrenadas; en este proceso es necesario que los modelos (padres y educadores) puedan brindar oportunidades de aprendizaje y reforzamiento de estas destrezas. Este proceso de aprendizaje se da mayormente por la observación y el seguimiento de esos modelos referentes. Los chicos observan constantemente el comportamiento de esos adultos, cómo toman decisiones adecuadas, cómo se comunican escuchando a los otros y cómo les expresan lo que sienten, en cómo logran trabajar en equipo de manera funcional y democrática ejerciendo diferentes roles y liderazgo, cómo delegan funciones, en cómo enfrentan diferentes situaciones de manera adaptativa y flexible.

Los padres pueden ayudar a sus hijos facilitándoles el aprendizaje de habilidades blandas mediante acciones de modelamiento y reforzamiento en casa. Para ello es necesario lograr un acercamiento a actividades familiares donde se desarrolle la comunicación asertiva y existencial, sin tener aparatos de comunicación tecnológica cerca, aprovechando los desayunos, almuerzos y cenas, pueden ser en la mesa familiar o en salidas a otros escenarios, como el campo, una finca o parque.

También, realizar tareas o responsabilidades hogareñas en equipos colaborativos y empáticos, como lavar los platos juntos, sacar la mascota a caminar con todos, o realizar eventos hogareños como el día de ordenar el dormitorio u otro espacio, el día de lavar el carro, el patio, etc., o construir algo, donde todos participan desde sus propias capacidades, a la vez que resuelven propios problemas y retos, aprenden a pedir ayuda cuando lo necesiten y desarrollan la empatía y la gratitud, se impulsa la responsabilidad, se refuerza el autoconcepto y la autoestima.

Se debe promover que los chicos salgan de su zona de confort y se acerquen o se integren a conocer las diferentes realidades comunitarias, donde ellos propongan actividades para colaborar participando de voluntariados o ayuda social, como ayudar a personas necesitadas, mejorar aspectos de su localidad, contribuir a la protección y defensa del ambiente o de la vida, realizar limpieza de espacios, manejo de desechos, compartir en grupos con distintas afinidades o realizar prácticas deportivas o culturales.

La creatividad y la creación artística, como habilidad, promueve el pensamiento reflexivo y crítico, creando arte, sea plástico (pintar, dibujar, colorear, modelar, tejer, bordar, entre otras) o crear cuentos o historietas, sean escritas o mediante escenas de fotografías, la interpretación o creación musical o el desarrollo de técnicas narrativas o de expresión corporal, que generen luego debate o discusión sobre su contenido, sobre diferentes  escenarios de ejecución y finales alternativos, o sobre los símbolos y significados que le damos.

Es importante que los chicos logren identificar, promover y buscar, en sí mismos y en otras personas, estas habilidades, e incluso, puedan discernir y tomar mejores decisiones. Cuando ellos manifiesten estas habilidades y dan pasos en el desarrollo de las mismas, en perseverar en implementarlas en su vida, es importante reconocérselo, hacérselos notar como un logro importante, que fácilmente interioricen que esto es un avance importante en el proceso de ir formándose como personas de valor y lo vean como un logro y orgullo, que sus mayores los aprueban y los aceptan y son motivo de felicidad.

Los chicos y chicas van asumiendo esas posturas para sí, primero motivados a través del juego, luego, motivados a través de los roles que van ensayando o a través de su propia resolución de conflicto y toma de decisiones. Si los mayores, sean padres o educadores, no han desarrollado estas habilidades en sí mismos y desean que sus hijos puedan crecer a través de ellas, entonces pueden aprenderlas juntos, pues no hay un límite de edad para aprenderlas y desarrollarlas; nunca es tarde para empezar. Realizarlas, ejercerlas, es la única manera de integrarlas a nuestras vidas, pues estas habilidades blandas se refuerzan a sí mismas con la práctica constante.

Walter Murillo M

Psicólogo.

Tel. (506) 8811-2232.

 

Referencias:

  • Abarca, S. (2001). Psicología del niño en edad escolar. San José, Costa Rica: EUNED.
  • Gamboa, A. (abril, 2019). Seminario: Habilidades blandas para el éxito. UNA, Heredia, Costa Rica.
  • González, O. (2016). Escuela de padres de adolescentes. Barcelona, España: Profit Editorial.
  • Jensen A. Jeffrey. (2018). Adolescencia y adultez emergente: Un enfoque cultural. México DF: Pearsons Educación.
  • Ortuño T., Antonio. (2012). Familias inteligentes: Claves prácticas para la educación. Madrid, España: IES.
  • Townsend, J. (2016). Límites con los adolescentes. Miami Fla., EEUU: Editorial Vida.

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